La hermeticidad es la clave del ahorro energético

La concienciación cada vez es mayor para garantizar la hermeticidad de nuestros edificios: los últimos informes cuantifican en un 40% el peso que los edificios tienen en el gasto energético europeo.

La maquinaria de regulación europea lleva varios años actualizando directivas de eficiencia energética, aumentando cada vez más las exigencias a los inmuebles.

La obligatoriedad de la calificación energética de los edificios y su correspondiente certificación es el elemento decisivo para impulsar la construcción de edificios de obra nueva eficientes y para rehabilitar el parque de edificios existente, para ponerlos al nivel de las nuevas construcciones.

El Código Técnico de la Edificación es cada vez más exigente en términos de ahorro y limitación de la demanda energética.

El sector de la edificación también lleva un tiempo reaccionando y lleva a cabo una serie de medidas para impulsar la eficiencia energética. Éstas medidas se enfocan en reducir las pérdidas energéticas a través de la envolvente, las cuales corresponden a dos tipos.

  1. Pérdidas energéticas por transmisión. Vienen dadas por el diseño constructivo, comportamiento térmico y espesor de los materiales que forman parte de la solución constructiva de la envolvente.
  2. Pérdidas energéticas por infiltraciones no deseadas, causadas por la ausencia de hermeticidad de la envolvente.

Garantizar la hermeticidad solventando las perdidas energéticas por:

Transmisión

La rehabilitación energética de las envolventes es la solución ante las pérdidas por transmisión. Una gran parte de los edificios ya construidos no cuentan con aislamiento térmico en sus fachadas o cubiertas.

Para solventar esta situación, existen diferentes aplicaciones de aislamiento para rehabilitación: inyección de material aislante en cámara de aire o aplicación de aislante, tanto por el exterior como por el interior de la envolvente del edificio, es decir, la fachada, la cubierta y el suelo en contacto con el terreno.

Infiltraciones

La circulación de aire en un inmueble puede ser de dos tipos: deseada o no deseada. Los sistemas de extracción mecánica, por ejemplo, se consideran una ventilación deseada ya que se ha diseñado con un sentido energético explícito y sobre todo para cuidar la calidad del aire y por tanto la salud de los usuarios del inmueble.

Por el contrario, las infiltraciones por la envolvente debido a una falta de estanqueidad, producen renovaciones de aire no deseadas. Esto es lo que se denomina un problema de hermeticidad.

Cómo resolver al mismo tiempo las pérdidas por transmisión e infiltraciones

La conclusión a la que llegamos es, que para mejorar la eficiencia energética de una envolvente, es necesario que la solución aplicada combine un buen comportamiento térmico a la vez que garantice la hermeticidad.

Si el material aislante elegido tiene una conductividad térmica muy buena, pero en su aplicación se generan juntas de ejecución o el propio material permite que entre sus fibras se cuele el aire, la hermeticidad será nula, por lo que las infiltraciones de aire no deseadas afectarán al rendimiento térmico global.

Sin embargo, si el material aislante elegido es un material continuo en su aplicación, no existirán dichas juntas por lo que la hermeticidad estará garantizada y ayudará en la obtención de un óptimo aislamiento térmico.

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